La creencia en que la Música posee un poder extraordinario es tal vez una de las más profundas capas del mito de la Música. La Música es Arte, el arte que combina los sonidos con el tiempo y que recibe su nombre por derivación del de las Musas.

El inventor del arte de la Música -según Moises- fue Tubal, de la raza de Caín, antes del Diluvio. Los griegos dicen que Pitágoras fundó sus orígenes en el sonido de los martillos y el tañido de las cuerdas tensadas. El mismísimo Universo, sostenía Holst, se mantiene unido por una cierta armonía de sonidos.

La música cambia las emociones y conmueve los sentidos. También cura mentes perturbadas y libera a las personas de espíritu sucio con el Arte de la melodía. Penetra en el cuerpo en forma de aire, presión, significado…y la mente y el alma sucumben a sus efectos. La Música, atrapa y posee y no hay pasión que no pueda despertar y dominar.

La sensación de un atleta que gana una medalla de oro en los Juegos Olímpicos al sonar el himno de su país, la transparencia vital de un anciano en su lecho de muerte al recordar aquella canción infantil que aprendió en el regazo de su madre, la balada que Andrés y Amalia escucharon en una noche íntima y discreta que les veía sellar su amor,… Así, un largo etcétera de situaciones que por otras tantas razones, específicas en cada caso, la Música ha cambiado los colores de la realidad subjetiva se cada persona.

Orfeo no solo dominaba a las bestias salvajes con su arte, sino que también conmovía a las piedras y a los bosques con la modulación de su canto. Más aún, concebida como arma poderosa de limitaciones lejanas, la Música ha sido utilizada en innumerables ocasiones como elemento de represión y castración emocional y social. Aldous Huxley en su viosionaria percepción de un futuro, que hoy es presente, a través de su libro “El Mundo Feliz” refleja “El mundo es estable actualmente. Las personas son felices (…)Tenemos que escoger entre la felicidad y lo que llamábamos antes el gran arte. Hemos sacrificado el gran arte. En su lugar tenemos el Cine Sentido y el órgano de perfumes..” . ¿Nos suena de algo? Un ritmo “machacón” rodeado de luces intermitentes que difuminan la siluetas de miles de jóvenes poseídos, moviéndose sin sentido de ellos mismos, enajenados de toda voluntad a merced del vaivén de la multitud, a merced ésta a su  vez, de aquel ritmo “machacón”…

Asunto de gravedad es la utilización de las ilusiones de unos jóvenes que nunca han sido preparados para asumir  el precio del éxito, del propio éxito que generan unos temas musicales que influyen en las masas de espectadores gracias a la propia condición musical y un marketing agresivo y furioso. Un popular concurso de televisión no tendrá ningún pudor en elevar con alas de cera, a los vencedores cual “Ícaros”, hasta el Sol y quedarse impasibles contemplando como se derriten para después caer estrepitosamente como muñecos rotos. Hoy en día para ser artista no hace falta ser creativo, ni estudiar largas horas en una escuela. Solo hace falta salir en televisión. Ser un producto. Ser productivo.

Así pues, resulta coherente plantear la utilización de la música en particular y del arte en general como un bien preciado a favor de las libertades de expresión, la comunicación desinteresada.

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